Silencio en plenitud
Me hubiera gustado que en los Evangelios de la
infancia del Señor se dijera algo más sobre San José. No se nos recoge ninguna
palabra suya, pero se nos dice sencillamente que «estaba».
Aquí, en mi tierra, los inviernos —salvo raras
excepciones— son suaves. El sol, aunque sea sólo un ratito, hace acto de
presencia casi siempre, de forma que hasta nuestros mayores, estando bien
abrigados, pueden tomarlo con gusto. Por ello corre entre nosotros un refrán
que dice «El sol es media vida». Pues bien, San José, cuando surgían contradiciones o inconvenientres
a
Hoy, que por desgracia, en las noticias salen
sucesos desafortunados protagonizados por hombres, deseo, en este breve
artículo, hacer un acto de homenaje a tantos padres, obreros, oficinistas,
labradores, médicos ... que «están» sin hacer ruido y que forman y son el
sostén de sus familias. Vienen a ser como los rayos de ese sol de invierno...
pero también como la sombra protectora en las horas del bochorno estival.
La benéfica y callada actitud de San José
procedía de que era «el hombre inteligente que tenía sus ojos puestos en
Es cierto que los ojos son unos maravillosos
sentidos que nos ponen en relación con lo exterior: nos proporcionan imágenes
estupendas, con colores llamativos, paisajes encantadores. Más aún, nos
presentan los rostros y los gestos de las personas con quienes vivimos, nos
facilitan la lectura de temas variadísimos... Pero por ello mismo tenemos que «selecionar» dónde y cómo poner los ojos; porque de lo
contrario podrían hacernos daño ¡Cuidado!
Pediría a los hombres que «miren» a San José y
en el silencio de su corazón se encuentren y se reflejen; y animo a los
abatidos a que rectifiquen 70 veces 7, si fuera preciso.
Quiero también dar las gracias a los que un
día cambiaron para el bien, ya que «la vida del hombre es gozo del corazón» (Sirácida 30 22).
Padres: que San José os ayude a unir
— la ternura con la seriedad
— la compasión con el rigor
— la relación cordial con la autoridad,
ayudados y apoyados por la esposa —o desde el celibato—, colaborando en el bien
del hombre y para el hombre.
San José, tu poder se extiende sobre todos
nosotros. Tú puedes hacer posible lo que parece imposible. Protege con paternal
amor todos nuestros intereses.
De todo corazón,
Rosario